Gracias por llegar

Soy madre, pero hoy no está de moda decir lo feliz que me hace serlo. Sin embargo, hasta ahora, es el papel que más me está gustando representar de todos los que he tenido que asumir a lo largo de mi vida y no se me caen los anillos por decirlo. Tengo ahora 36 años, así que lo mismo todavía tengo alguno que no he descubierto y me gusta más. Todo puede ser. No lo descarto. De momento lo único que lamento es no tener más tiempo para dedicarle a mis hijos a diario.

Ahora la tendencia es apostar por vivir la soltería, por disfrutar en pareja sin descendencia que moleste, por trabajar y crecer profesionalmente y cumplir sueños que, con cargas, puede que no lleguen a materializarse. Y chapó. Al final se trata de que cada uno haga lo que quiera. Pero mejor hacerlo sin juzgar, ¿no?

En realidad lo de ser madre, como muchos defensores de no tener hijos exponen, no es tan bonito como lo pintan. Pero eso es algo obvio y se sabe antes de que empiecen las contracciones. Dejas de hacer lo que te da la gana y lo haces, entre otras muchas cosas, por falta de horario compatible con el sueño de tu hijo. Hay alguien que depende de ti y no puedes irte de fiesta a las tres de la mañana o decidir planes de última hora. Alguien llamaría a la policía si tu hija se queda sola en casa. Tengo esa sospecha.

Se pierde independencia, por decirlo de alguna manera. Pero es que ahora tienes a una personita que sí que depende de ti, del cuidado que le des. No hay más vueltas. Tu sueldo es su cariño. No esperes mucho más. Será incondicional, eso sí, pero sin quinquenios, sin sobres en negro ni pluses por nocturnidad (y mira que hay noches de trabajo).

Tiene su parte buena. Para mí la única mala es lo que se sufre cuando se ponen enfermos. De momento es así. Pero, como con todo, parece que lo importante es el postureo. Y si se trata de aparentar cuelgas en las redes su primer ‘mamá’, fotos juntos que se ven como posados robados y el dibujo donde apareces como su persona más importante en el mundo. Presumes ante tus amigos de lo bien que sabe decir ‘rojored’, amarilloyelo’ o ‘nerobla’. Pero olvídate, la práctica demuestra que siempre confundirá los números, se quedará en blanco o pasará de responderte cuando intentes presumir de hijos.

También te centras en lo bueno que es tu pequeño; de todo lo que duerme, de día y de noche; de lo bien que come y lo sano que está, gracias a los potajes y las compotas naturales, por supuesto, que le preparas. Lejos queda, y mucho menos se cuelga en redes sociales, lo de hablar de los vómitos de madrugada sobre tu cama (edredón, sábanas y colchón incluidos), de los gastos que suponen la guardería o el colegio o de que tu momento más sosegado del día es cuando compruebas que se han dormido, que puedes ducharte tranquila, ir al baño sin interrupciones o ver una serie grabada porque cuando la estaban dando en directo tu pequeño estaba descargando la poca batería que le quedaba antes de caer rendido ante morfeo.

Pero no te engañes (o no dejes que te engañen). El postureo no es solo para las madres deseosas de mostrar su felicidad a los demás. Los solteros que se van de viaje cuelgan fotos en playas paradisíacas pero no de las picaduras de mosquitos que tienen por todo el cuerpo. Quienes se van de viaje romántico y publican sus fotos dándose besos junto a la Torre Eiffel no comentan que ni se han rozado por lo cansados que estaban al llegar al hotel de noche. Da igual porque merece más la pena no mirarse en todo el día si se tiene el ‘selfie’ perfecto.

Tampoco se ven fotos del domingo por la mañana cuando la resaca a los 30 ya no es igual tras una noche de fiesta que la que se tenía a los 20. Las instantáneas dándolo todo durante la madrugada anterior sí que estarán. ¿Queda mejor una foto en la piscina, tirada en la hamaca, con tranquilidad absoluta como encuadre o que salga esa imagen borrosa por moverte tras intentar que el niño salga guapo mientras que tú tranquilidad solo está en que se deje puestos los manguitos para que no se ahogue? Todo es cuestión de tener claro qué se quiere mostrar. Parece que lo que nos enseña al mundo felices es lo que más ‘likes’ recibe. Las penas se guardan, que los amigos (los que no son de verdad) prefieren risas a tristeza.

Está claro que las salidas al cine quedan restringidas a no ser que las abuelas ejerzan de canguro. Se puede ir a cenar teniendo claro que es muy posible que haya llantina o berrinche de por medio mucho antes de que llegue el postre. Lo que más me tensa a mí: darse un baño rápido en la playa se convierte, por mucho que intentes evitarlo, en que al salir de casa parece que te vas de acampada durante una semana. Si alguien consigue llevar en un solo bolso lo suyo y lo de su hija que me lo cuente que yo guardaré ese secreto que, de ser verdad, podría patentarse.

La cuestión es que compensa. Perdón, corrijo. La cuestión es que a mí me compensa. Tengo suerte de tener al lado a un padre que me hace más fácil esto de ser madre y a unos abuelos que ayudan en cada momento sin excusas. Sin ellos no sería todo tan ideal. No me engaño. También tendrá algo que ver que mis hijos hayan ‘salido buenos’ y que duermen más de ocho horas seguidas los dos sin hacerme madrugar en domingo, al menos como parece que todos los que no quieren aventurarse en esto de la maternidad/paternidad te echan en cara como si el hecho de que tus hijos duerman o coman sea culpa tuya.

En realidad es difícil explicar el sentimiento. Creo que me compensa porque su sonrisa supone que se vaya toda la tristeza. Ellos provocan mi mayor miedo con que tan solo les roce una mosca pero, sobre todo, la mayor de las alegrías con solo una mirada. Y lo consiguen siempre, independientemente de cómo haya salido el día o de lo que me espere para la jornada siguiente, de que tenga dolor de cabeza o de que el mundo siga de fiesta mientras yo disfruto un sábado por la noche de una película en el sillón que ni siquiera me dejan escuchar.

La sensación es algo así como que si les pasa algo, yo dejo de existir. Tú les das la vida y ellos te la salvan. Su presencia, aunque parezca extraño, se convierte en tranquilidad. Su bienestar es mi tranquilidad. Y la tranquilidad es mi felicidad. Sin más.

Los imagino. Gracias por sonreír. Gracias por llegar.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: