Consejos para tener una familia perfecta y feliz, o no

tener una familia perfecta y feliz

Si crees que en estas líneas te voy a dar todas las claves para conseguir una familia perfecta y feliz ya puedes dejar de leer. La razón es simple: no existe. O sí, pero no es una familia de diez porque en cada foto salgan con su mejor sonrisa, porque no se peleen nunca o porque quieran aparentar una felicidad absoluta por encima de todas las cosas. Tampoco esto va de tener la parejita; un perro, dos gatos y hasta un loro; o de que tus hijos saquen las mejores notas; de que te de tiempo de hacer senderismo cada fin de semana; o de que nunca des un grito en un momento de enfado. La familia perfecta y feliz, de existir, será aquella que seas capaz de formar simplemente haciéndolo lo mejor que puedes. Con mi experiencia, y teniendo muy claro que la familia que he ido imaginando nada tiene que ver con la perfección, me aventuro a decir que mi familia funciona (con sus más y sus menos) porque en casa intentamos trabajar a diario eso de la empatía y la tolerancia.

Empecemos por explicar estos dos términos con la ayuda de la definición que hace de ellos la RAE (¡cómo disfruto yo con esto de recurrir a la Real Academia Española para comprender mejor todo!). Vamos allá. Con respecto a la empatía, la RAE aclara que se trata de un sentimiento de identificación con algo o alguien y también la capacidad de identificarse con alguien y compartir sus sentimientos. Me gusta más la segunda acepción. Traducido sería algo así como ponerte en el lugar de la otra persona y llegar a sentir lo que ella siente, lo bueno y lo malo. Si tiene un problema, eres capaz de verlo como tal y sufres por ello. Si ha recibido una buena noticia y está alegre, te alegras con ella. Interesante.

Por otro lado, la tolerancia. Aquí la RAE se va un poco por las nubes con muchas definiciones para una misma cosa. La tolerencia [respeto a las ideas, creencias o prácticas de los demás cuando son diferentes o contrarias a las propias] se aplicaría en casa para dejar claro que aquí cada uno puede pensar diferente al otro. Y eso no lo hace ni mejor ni peor. Aquí se escucha y se tiene en cuenta lo que el resto piensa.

¿Siempre funciona y siempre estamos felices? Pues claro que no. Lo de ir imaginando una familia va justo de eso, de ensayo y error. Va de intentarlo y trabajar para conseguirlo. Como no es fácil, aquí van algunas consideraciones, consejos o tips que yo intento poner siempre en práctica con más o menos acierto en mi familia:

  • Diálogo. Hablar, hablar y hablar. Con los miembros de tu familia es con quien más tiempo pasas. O así se supone que debe ser, al menos si las horas de trabajo y las del colegio coinciden. Por rutina el desayuno lo haces a toda prisa para poder llegar con tiempo al colegio, almuerzas con el teléfono móvil cerca porque esperas una llamada o cenas con la tele encendida para poder poner el piloto automático y no pensar en lo duro que ha sido tu jornada de trabajo. Sin embargo, te sorprenderá lo increíble que es desconectar de todo, mirarse y poder charlar. Quizás hables de cómo ha costado encontrar aparcamiento cerca de la escuela hoy, de cómo tú jefe se ha empeñado en llevar a cabo una nueva locura o del último episodio de Bob Esponja. Ese momento compartido, con más o menos intensidad en función del día, del reloj o de las preocupaciones, le da una calidad increíble a las relaciones que se forjan en tu familia perfecta y feliz.

  • Independencia. Parece contradictorio pero no lo es en absoluto. Se trata de respetar el espacio de los demás y por tanto disfrutar también del espacio propio. Y se consigue con pequeñas grandes cosas como leer un buen libro sin interrupciones (con una niña de 20 meses, lo llevo claro), disfrutando del último capítulo de tu serie favorita (me lo pongo complicado, eh), aprovechando la media hora antes de dormir para hablar con tu pareja sin niños que revoloteen alrededor, haciendo que tu hijo reciba a sus amigos en casa con la intimidad y la confianza máxima que le puedas dar o saliendo al cine con tus amigas porque tienes canguro… Merece la pena.

  • Apoyo. Todos nos equivocamos, pero no por eso vamos a dejar de intentarlo. Y ahí debemos estar para apoyarnos en todos nuestros objetivos, por muy irreales que sean. Eso sí, no olvides de que tu papel es el de madre. Está bien ser amiga de tus hijos pero eres, ante todo, uno de sus referentes. Si hay que poner límites, porque consideras que son necesarios, no lo dudes. Eso no implica necesariamente que no seas el soporte adecuado para los tuyos, incluida tu pareja. Muestra tu postura y defiéndela. Apoyar no es decir que sí a todo. Apoyar es compartir tu opinión también.

  • Generosidad. No se trata solo de dar para poder recibir. Ser generosos tiene que ser necesariamente parte de esta lista de consejos para alcanzar una familia perfecta (o no) porque eso implica que a quienes das, siempre que lo hagas de forma sincera, son personas a las que quieres por encima de todo, a quienes deseas que les vaya bien. Y ellas te devuelven con sus actos el mismo valor y sentimiento, de la forma que sea. ¡Qué ecuación tan maravillosa!

  • Pedir perdón. ¿Crees de verdad que siendo orgullosa consigues algo? Baja a la tierra. No lo sabes todo y sí, también te equivocas. Y si no tienes tú la culpa, tampoco dudes en ser la que de el primer paso para intentar arreglar eso que incomoda a los demás. Aunque tu hijo haya dado el portazo más fuerte que recuerdas tienes que darle a entender que eres capaz de tocar su puerta para hablar sobre lo que les ha llevado a esa situación límite. Si sabes que te has enfadado porque tu hija, a pesar de que la has visto esforzarse estudiando, ha suspendido su examen, baja la cabeza, pide perdón por tus gritos y explícale que es tu preocupación lo que te ha llevado hasta este tremendo cabreo. Demuestra y te demostrarán lo que es importante de verdad.

  • Amor. Si todo lo anterior no funciona no te queda otra que el amor incondicional. No me vayas a decir que cambiarías a tu hijo que no deja de pedirte la tablet cada cinco minutos por la niña del vecino que toca ya dos instrumentos y no ha cumplido ni los diez años. No, no puedes cambiarlo. No le des más vueltas. Quizás todavía estás a tiempo de meterlo en clases de música y conseguir que te saque de pobre… A ver, céntrate. A lo importante. Que este punto va de amar y sí, hay que hacerlo de forma incondicional. Quieres a tus hijos por encima de todo. Esa es la auténtica realidad y con ellos formas la familia, la que empezaste eligiendo al tomar las primeras decisiones y la que se ha afianzado con el paso de los años. Esa es tu familia y es una familia perfecta.


A todo esto se une, como decía al principio, lo de tener muy presente la empatía y la tolerancia. Y, si me apuras y me lo permites, a modo de conclusión añadiría incluso una tercera cuestión: la resiliencia, que no es otra cosa que la capacidad que tenemos para afrontar y superar cualquier problema que se nos presente. A mí me resulta lo más complicado. A veces lo que se nos pone delante es muy difícil de sobrellevar y cuesta tener la capacidad de abstraerse, poner los pies en la tierra, la cabeza fría y tirar hacia delante. En la práctica, se trata tan solo de encontrar algo bueno a lo que agarrarse. Suena fácil, no me digas que no. Házlo, pónlo en práctica. No siempre funciona y muchas veces cuesta remontar y subir el ánimo pero dicen por ahí que todo es cuestión de actitud. Si lo logras me lo cuentas y así vamos añadiendo consejos para tener una familia perfecta y feliz, o no.

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